Bajo Peña Ubiña (2.417 metros) se desarrolla el paisaje montañoso del Valle de San Emiliano, entre los valles de Babia y Luna, donde podemos contemplar las huellas de la erosión glaciar y los procesos cársticos, producto de la disolución de la caliza, aparece salpicado de circos, morrenas, hornos, valles artesa, encrespadas crestas, suaves valles, dolinas, desfiladeros y lagunas de origen glaciar.

Su situación, características climáticas, el relieve y los materiales que afloran a la superficie han dado lugar a una variada cubierta vegetal confluencia entre la vegetación atlántica y la mediterránea; pero es sin duda el sabinar, la característica más peculiar de la zona ya que es aquí donde alcanza el límite occidental de su área de distribución en Europa. Destacar las masas arbóreas de robles y hayas.

Lobo, nutria, ciervo, corzo, rebeco, jabalí, oso, liebres, martas, urogallo, águila real, buitre leonado, alimoche y, gracias al embalse de Barrios de Luna, aves acuáticas.

No podemos perdernos el sabinar de Mirantes de Luna; los núcleos rurales del valle de San Emiliano; el conjunto de Riolago de Babia con el palacio renacentista de los Quiñones y el recinto amurallado; la Calzada del Torrestío, calzada romana que asciende al Puerto de la Mesa y que permite atravesar la Cordillera Cantábrica; la Cañada Real que une Torrestío con el pueblo asturiano de Grado; las lagunas glaciares Laguna Grande de Babia y Laguna de las Verdes; y la Hoz de las Palomas, en el límite con Laciana. También podemos disfrutar del senderismo, ciclismo, montañismo, escalada, esquí, caza y pesca.

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