El municipio de Valdevimbre, cuya historia esta íntimamente ligada al cultivo de la vid,  ofrece la posibilidad de realizar rutas de senderismo en las cuales se pueden ver las innumerables cuevas que antiguamente sirvieron para la elaboración de vinos y recorrer las miles de hectareas de viñedo con las cuales se elaboran los vinos que dan nombre a la denominación de origen D.O. Tierra de León.

Está formado por siete pueblos: Villagallegos, Fontecha, Palacios de Fontecha, Pobladura de Fontecha, Villibañe, Vallejo y Valdevimbre. Cada uno de ellos es el punto de partida de una ruta distinta que transcurre por parajes llanos con viñedos de uva Prieto-Picudo, bodegas tradicionales excavadas en la tierra, flora autóctona y áreas de descanso. La escasa elevación del terreno y el trazado de los caminos las hacen ideales para dar un tranquilo paseo, disfrutando del aire puro del campo.
Te sugerimos reponer las fuerzas perdidas con una suculenta comida o cena en alguna de nuestras bodegas-restaurante, degustando la exquisita gastronomía que les ha dado reconocida fama, regada por los excelentes vinos blancos, tintos y rosados que se producen en las bodegas del municipio amparados por la Denominación de Origen “Tierra de León”, que a pesar de su juventud tiene ya en su haber un buen número de reconocimientos.

RUTAS DEL VINO  

Ruta 1.- “Valdevimbre-Farballes”: Historia Vitivinícola
Recorrido: 7 km.
Dificultad: Fácil
Modo: Pie, bicicleta, caballo
De interés: Viñedos, bodegas, iglesias, flora autóctona

Valdevimbre-Farballes

La vid es un cultivo tradicional en esta comarca que ya en la Edad Media tuvo gran importancia tal y como se ha podido comprobar en documentación de la época referente a donaciones de viñas, ventas, etc.….Por aquel entonces los vinos de la zona ya eran excedentes de producción y se comercializaban tanto en la ciudad de León como en la vecina y hermana Asturias.
Del siglo XVI al XIX, los viñedos de Valdevimbre no dejan de progresar en razón de su proximidad a la capital leonesa. En 1752 se tienen registradas 415 hectáreas de viñedo en Valdevimbre, según datos extraídos del catastro del Marqués de Ensenada. En el año 1772 se llega a 705 hectáreas y en 1863 se acercaban ya al millar, en concreto eran 992 hectáreas, según se recoge en el archivo diocesano de León. Durante este tiempo se atraviesa un periodo de euforia que pronto se transformará en crisis con la llegada de la filoxera en 1887, diezmando el viñedo hasta bien entrada la segunda década del siglo XX.
A partir de ese momento el viñedo se reconstruye y progresa y aunque sufre algunos altibajos, en la actualidad los viticultores han apostado por la uva autóctona, “Prieto-Picudo”, amparada por la Denominación de Origen “Tierra de León” desde el 27 de julio de 2007. La consecución de la Denominación de Origen es el reconocimiento a una ardua labor que supuso un gran esfuerzo y considerables inversiones por parte de nuestros bodegueros y viticultores y que se ha visto por fin reconocida.
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Ruta 2.- “Villagallegos-Valdevimbre”: La Uva Autóctona
Recorrido: 9 km.
Dificultad: Fácil
Modo: Pie, bicicleta, caballo
De interés: Viñedos, bodegas, iglesias, flora autóctona

Villagallegos-Valdevimbre

Según constata Alain Huetz en su monumental “Vignobles et Vins du Nord-Ouest de L’Espagne” antes de la crisis de la filoxera, la uva “Prieto-Picudo” llegó a ocupar el 80% de las plantaciones de la provincia. Hoy, aunque en menor proporción, sigue siendo mayoritaria por delante de “Mencía”, “Palomino” o “Garnacha”.

Son once los municipios en los que se puede localizar la cepa. La altitud del viñedo oscila en Valdevimbre entre los 760 y 813 metros y la densidad de la plantación, bastante baja, se sitúa entre las 1500 y las 2500 cepas por hectárea. Geológicamente, la región es de tipo aluvial con un clima casi atlántico.

La “Prieto-Picudo” es una variedad de brote y maduración tardía, muy resistente a la sequía, de racimos pequeños, compactos y apelmazados (prietos) y con las bayas en forma de piñones (picudos). La longitud del pedúnculo es corta o muy corta. El color de su epidermis es azulado tirando hacia el negro con una fina piel. Adentrándonos en el interior de la baya descubrimos que no tiene una fuerte consistencia en la pulpa, sino más bien blanda y jugosa con presencia de pepitas. El sarmiento sorprende por su color marrón amarillento, de relieve estrial.

Actualmente y habiendo conseguido la Denominación de Origen “Tierras de León” el Consejo Regulador distingue una serie de variedades para realizar vinos amparados por la misma. Las variedades principales de uva son: “Prieto-Picudo” y “Mencía” en uvas tintas. En blancas “Verdejo”, “Albarín” y “Godello” y otras tres conforman las variedades complementarias para la elaboración de tintos, blancos y rosados: “Tempranillo”, “Garnacha” y “Malvasía”.
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Ruta 3.- “Palacios de Fontecha-Valdevimbre”: De la Tierra a la Espaldera
Recorrido: 7 km.
Dificultad: Fácil
Modo: Pie, bicicleta, caballo
De interés: Viñedos, bodegas, iglesias, flora autóctona

Palacios-Valdevimbre

Hasta fechas recientes no ha habido datos concretos sobre los viñedos leoneses, sin embargo ya son citados por Plinio el Viejo y Estrabón, lo que demuestra que la existencia de éstos se remonta a unos 2000 años atrás. Los romanos impulsan la agricultura de estas tierras introduciendo nuevos cultivos como el de la vid, y técnicas como el arado, hasta entonces desconocido por los pueblos indígenas, contribuyendo al desarrollo de una hasta entonces atrasada agricultura.
A lo largo de su historia los viñedos leoneses han pasado por muchas vicisitudes. Particularmente grave fue el despoblamiento de la cuenca del Duero en el siglo VIII y la invasión de la filoxera a finales del siglo XIX. A pesar de todo en los últimos veinte siglos hemos seguido asistiendo al brote y florecimiento de la “vitis vinifera” que llega a su punto culmen para la recolección o vendimiado en otoño.
El viñedo se localiza en llanuras de suelos pobres y pedregosos de origen aluvial, situados en altitudes que oscilan entre los 750 y 813 metros. Se trata de una situación ideal para una uva como la “Prieto-Picudo” difícil y delicada en el cultivo, ya que es de rendimientos muy irregulares y muestra cierta debilidad ante las enfermedades cuando el ambiente-excepcionalmente- se torna húmedo, siendo ésta una de las razones que aconsejan su plantación en espaldera. Afortunadamente, todo este mal genio que la uva muestra en el campo se transforma en finura, matices delicados y acusada personalidad en la bodega.
Hasta hace poco tiempo, en nuestro municipio las cepas siempre se encontraron en el suelo, pegadas a la tierra. Con la introducción del sistema de espaldera se consigue que del tronco de la cepa salgan dos ramas principales que se alinean en el sentido del surco, atándose al alambre más cercano al suelo. Este primer alambre se coloca a unos 70 cms. del suelo y por encima de éste se colocan otras dos o tres ramas que sirven para mantener verticales los tallos. La altura de la planta puede alcanzar los dos metros. Este sistema, junto con una orientación adecuada, permite una mejor recepción de los rayos solares y aireación de los racimos mejorando la capacidad de maduración de la uva y facilitando la mecanización del trabajo. Éste es el sistema más utilizado en las plantaciones de uva de vinificación de todo el mundo.
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Ruta 4.- : “Vallejo- Villagallegos” : La Cueva – Bodega
Recorrido: 2,5 km.
Dificultad: Fácil
Modo: Pie, bicicleta, caballo
De interés: Viñedos, bodegas, iglesias, flora autóctona

Vallejo-Villagallegos

La necesidad de almacenar y conservar el vino de la manera más óptima, con el fin de ser consumido a lo largo del año obliga al hombre a construir vasijas y edificaciones que aseguran la buena conservación del caldo. Estos lugares reciben el nombre de BODEGAS, del griego y posteriormente del latín “Apotheca” que significa depósito o almacén.
Desde que se comienza el arte de la elaboración del vino, el hombre observa que con el transcurrir del tiempo éste se transforma adquiriendo variedades y sabores que dependen de varios factores: la variedad de la uva, el proceso de elaboración y las características de los recipientes donde se almacenan. Se puede decir que el vino mejora gradualmente, alcanzando un punto óptimo el cual se irá posteriormente desvirtuando y degradando poco a poco.
En cada zona o comarca se fueron modificando los factores que influyen en la crianza y elaboración del vino. En lo que concierne a la bodega, se intenta conseguir que la temperatura esté comprendida entre los 8ºC y 12ºC , temperatura idónea y esencial para una buena conservación.
Las últimas bodegas que se construyeron en el municipio datan de antes de la Guerra Civil. Los campesinos picaban en la cueva al volver de la labor diaria lo cual tenía lugar principalmente en el invierno, cuando los días eran cortos y las noches largas. Se ubican en pequeñas laderas y lo primero que se construía era la fachada, que quedaba en la parte más baja del montículo. Una vez que se había profundizado unos 5 metros para construir la entrada se excavaba por el eje vertical sacando la tierra y construyendo los ventanos, que se asemejan a enormes chimeneas, algunos de ellos de hasta 12 metros. Así se iban haciendo los cubos o salas. Cada una de ellas desempeñaba una función en el proceso de elaboración del vino y cada bodega contaba con un número de salas que no solía ser inferior a tres. Las paredes se picaban a mano. La construcción de una bodega podía durar años y colaboraba toda la familia.
La bodega constituyó una pieza importante en la vida cotidiana de los campesinos, pues no sólo se utilizaba para hacer y guardar el vino en cubas que se construían en su interior, sino que por su microclima especial era el lugar más adecuado para almacenaje de los productos de la matanza y algunas legumbres, que junto con el pan constituían la base de la alimentación, la cual se fundamentaba en el autoabastecimiento.
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Ruta 5.- “Fontecha-Pobladura de Fontecha”: La Vendimia
Recorrido: 4 km.
Dificultad: Fácil
Modo: Pie, bicicleta, caballo
De Interés: Viñedos, bodegas, iglesias, viñedos

Fontecha-Pobladura

Los viñedos se encuentran en general en terrenos ligeros, situados por debajo de la cota 900 sobre el nivel del mar. Era tradicional que casi la totalidad de los vecinos de ésta tuviera alguna viña para obtener vino, al menos para el consumo doméstico (para el gasto, se decía). En todos ellos predominaban los pequeños cosecheros y todavía hoy alguno se mantiene vigente.
El cultivo, dado la pequeña superficie de las parcelas que impedía la mecanización de alguna de las labores, se hacía forzosamente de forma tradicional. Estas labores consistían principalmente en conservar la humedad del suelo lo más posible, retirando la tierra de la cepa con la azada para recoger mejor el agua del invierno y primavera ; es lo que conocemos con el nombre de “alumbrar”, “abrir” o “excavar”. Posteriormente se hacía la operación contraria, conocida como “rozar”, “tapar” o “”cerrar”. Estas labores eran complementadas con el arado para mullir la tierra, conservar la humedad y eliminar las malas hierbas.
La poda se hace en vaso y el número de varas que se dejan depende de la calidad del suelo y del vigor y edad de cada cepa. Había una segunda fase en los meses de febrero y marzo en la que se dejaban los sarmientos anteriores con cinco a ocho yemas, según la variedad. El abonado se realizaba con estiércol cada cinco años, abriendo un hoyo cercano a la cepa. Allí se depositaba y se tapaba con tierra.
La vendimia comienza en los últimos días de septiembre o primeros de octubre. La uva era recogida en cestas o talegas de mimbre que se depositaban en unos cestos más altos y de mayor capacidad, fabricados a mano con el mismo material que las cestas y con los que se procedía a trasladar la uva a la bodega. A partir de ese momento será la cueva – bodega el marco en el que se desarrolle toda la actividad para la producción del vino.
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Ruta 6.- “Pobladura de Fontecha – Palacios de Fontecha”: Proceso de Elaboración del Vino.
Recorrido: 5 km.
Dificultad: Fácil
Modo: Pie, bicicleta, caballo
De Interés: Viñedos, bodegas, iglesias, flora autóctona

Pobladura-Palacios

El interior de la bodega se convierte en un templo donde el ritual en torno a la uva comienza con la prensa. El tipo de prensado tradicional era el sistema de palanca con la viga de madera. Mediante el prensado fluye el mosto que se recoge en el pilo. Éste es llevado a las vasijas de fermentación. El transporte se podía hacer en cubos o bombeando a través de una tubería. Como anécdota destacamos el nombre que se le dio a la bomba, “alcoyana” por fabricarse en Alcoy. Este apelativo dio nombre a todas las bombas empleadas.
Posteriormente pasamos a la operación fundamental en el proceso de vinificación, la fermentación, que es la que origina la transformación del mosto en vino como resultado de la acción de los azúcares de una serie de enzimas producidas por levaduras. De la especie de levaduras que intervienen en este proceso depende la mayor cantidad de alcohol, ácidos volátiles, intensidad y aroma, en definitiva el sabor o bouquet del vino. En la mayor parte de las bodegas la fermentación se hacía en las mismas y en las cubas donde luego se conservaba el vino.
Los vinos que antiguamente se elaboraban con uva “Prieto-Picudo” eran rosados o claretes y eran conocidos como “vinos de aguja”. Este efecto se produce provocando una segunda fermentación lenta que mejora la calidad, dándole un paladar suavemente picante sin llegar a ser espumoso, con aroma y gustos particulares, afrutados. Para conseguir la segunda fermentación se utiliza la técnica ancestral del “madreo” añadiendo a los mostos las llamadas “madres”, uvas escogidas y enteras de la variedad “Prieto-Picudo” que contribuyen a mantener una fermentación lentísima después de la tumultuosa. En el descube, también tardío se separan las madres.

Para obtener unos buenos vino de aguja se deben seguir las normas siguientes:
– Emplear no sólo para las madres, sino también para el mosto, la mayor proporción de uva “Prieto-Picudo”.
– El descube debe realizarse cuando el vino haya terminado la fermentación y los trasiegos deben realizarse con sumo cuidado para evitar pérdidas de carbónico.
– En caso de embotellar, esta operación debe hacerse al final del invierno del año siguiente a la producción.
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Ruta 7.- “Villibañe-Valllejo” Tintos- Blancos- Rosados
Recorrido: 4 km.
Dificultad: Fácil
Modo: Pie, bicicleta, caballo
De Interés: Viñedos, bodegas, iglesias, flora autóctona

Villibaxe-Vallejo

Los tipos de vino que actualmente ampara la Denominación de Origen “Tierras de León” son rosados, tintos y blancos.
ROSADOS: Se elaboran a partir de un mínimo del 60% de uvas de las variedades principales “Prieto-Picudo” y “Mencía”. El 40% restante corresponde a las variedades tintas o blancas complementarias. Visualmente presenta colores rojizos de picota y cereza. Olfativamente se caracteriza por un aroma visual muy marcado e intensidad media-alta donde predominan las fresas, frambuesas… . En boca manifiestan intensidad elevada, de importante cuerpo y una viveza alta. La sensación retronasal será agradable y fresca, con las mismas sensaciones que en nariz de marcado aspecto frutal.
TINTOS: Elaborados a partir de un mínimo del 60% de uvas variedad “Prieto-Picudo” y/o “Mencía” . El 40% restante se reparte entre las uvas tintas permitidas (“Garnacha” y “Tempranillo”). Visualmente se caracterizan por una marcada capa de tonos azulados tánicos. Su fase olfativa se caracterizará por un aspecto frutal muy marcado dejándose ver las fresas y frutas del bosque muy maduras de intensidad alta además de monte bajo y matorral que marca una cierta complejidad. En boca la estructura es alta y compleja con una sensación retronasal muy marcada de carácter frutal, donde vuelven a aparecer las frutas del bosque. En los tintos sometidos a envejecimiento en barrica se manifestarán bordes más aterrados, marcándoseles más la complejidad añadida por la barrica la cual ha de integrarse perfectamente. La sensación retronasal es agradable y duradera, apreciándose la madera y ciertos caracteres frutales.
BLANCOS: Se elaboran a partir de un mínimo del 50% de uvas blancas principales que son : “Verdejo”, “Albarín” y “Godello”. El 50% restante corresponderá a variedades blancas complementarias. Visualmente presentan un color amarillo pálido, tranquilo, con ribetes pajizos. Su fase olfativa se caracterizará por aromas frutales, muy marcados e intensidad media – alta, con aparición de notas anisadas u otros aromas característicos de la variedad. En boca se manifiestan con un importante cuerpo de intensidad media-alta y una agradable sensación retronasal donde vuelven a aparecer las frutas.