El Domingo 5 de mayo a las 12:00h. se celebra en León Ciudad Las Cabezadas, una fiesta tradicional considerada de interés turístico regional. Se celebra desde hace mas de 800 años y recrea el agradecimiento de la ciudad de León a San Isidoro por la lluvia que callo en el año 1158.

La Corporación Municipal, vestidos elegantemente y con sus varas de autoridad, se dirigen hacia San Isidoro portando tres hachones de cera, uno de ellos de gran tamaño.

Saludan en la Plaza de San Isidoro y se meten al claustro de la Colegiata de San Isidoro. Alli les recibe el Cabildo de San Isidoro y todos sus componentes y comienzan las Cabezadas.

En tono jocoso y cordial empieza, un toma y daca, hablando de la historia y de otras ceremonias celebradas con anterioridad. Oferta o foro, foro u oferta, o ambas cosas a la vez. Tanto al empezar como al terminar, el Alcalde (o persona encargada de participar como portavoz en las Cabezadas) debe hacer una reverencia al Cabildo.

La escena es digna de ver, tanto por los leoneses como por los visitantes que estén por León en esas fechas. Tres cabezadas de despedida y nunca se da la espalda. Eso es lo que se dice reverencia, cortesía, ensayo y costumbre

Historia

Corría el año 1.158, y por aquel entonces reinaba en León Fernando II. El año había sido seco en extremo, con el daño que ello le suponía a las cosechas, los agricultores y en general a toda la ciudad de León.

Todas las plegarias llevadas a cabo hasta el momento parecían que no habían surtido el más mínimo efecto, y la sequía continuaba preocupando al pueblo. Es por ello, que se toma la determinación de sacar las reliquias de San Isidoro en procesión y llevarlas de romería hasta el Monte de San Isidro.

Camino del monte, se sucedían los rezos y las peticiones para que el Señor hiciera llegar la lluvia a los campos y tierras de León. Y entonces sucedió el milagro: una vez las reliquias hubieron llegado al Monte de San Isidro, el agua bendijo León y llovió.

Pero aún quedaba una sorpresa. Cuando se disponían a devolver las reliquias a la Basílica de San Isidoro, no era posible. Parecía que se habían anclado en el monte. Ni los hombres más fuertes podían con ellas. El Rey Fernando II, que estaba en Benavente, y su tía Doña Sancha, una gran devota de San Isidoro, también regresó a León, pues también estaba de viaje.

No daban con la solución, hasta que pensaron en la inocencia de los niños y estos fueron los únicos capaces de portar las reliquias de nuevo hasta la Basílica de San Isidoro.

Esto se interpretó como una «señal divina» , de que Dios ni el cielo querían que se sacasen estas reliquias de nuevo del templo. El juramento del Rey fue «Voto y promesa de la ciudad de no volver a sacar las reliquias del santo, de su templo de San Isidoro … Y también en forma de ciudad, el voto o censo, de hacer cada año una ofrenda al santo».

De aquí viene el origen de la ceremonia del foro y oferta, más conocido como las Cabezadas. Esta ceremonia tiene un ritual muy marcado y bastante entretenido de ver (se celebra el segundo domingo después de Pascua, por el mes de Abril).

Información tomada de http://www.barriohumedo.net